La Tradición Artesanal
La alfarería es la más antigua de todas las obras artesanales, la tierra cocida de esta zona podrá ser la misma en esencia que la de otros centros alfareros del mundo, pero es el acabado y muy particularmente el decorado, el que distingue y da valor a este arte.
Los indígenas producían artesanía pagana de las más diversas índoles: dioses domésticos y comunitarios, ofrendas funerarias y objetos de uso mágico salían de sus manos, sin embargo, los misioneros se encargaron de aprovechar esa habilidad natural para producir alfarería cristiana.
En 1548, el naciente pueblo de indios de San Pedro (Tlaquepaque), tuvo por necesidad contar con los utensilios de alfarería básicos para facilitar su forma de vida y bien pudo haberse dedicado a fabricar los más elementales cacharros para su servicio.
A finales del siglo XVIII vemos extendida la labor alfarera de este lugar hacia el desarrollo de la cerámica: la elaboración de objetos como ladrillos para pisos y azoteas, tubos para cañerías y tejas, faceta de la cerámica que en la actualidad muchos continúan.
También por estos años el ceramista local comienza a fabricar objetos para rematar la arquitectura de las suntuosas casas de Guadalajara y sus alrededores, adornándolas con balaustradas gárgolas, jarrones y medallones de gran manufactura.
Es a partir de 1850 cuando el alfarero-ceramista se convierte en escultor al elaborar perfectas obras escultóricas tales como estatuas, relieves, bustos, figuras, etc. Llegando su arte a ámbitos como Europa y Norteamérica, siendo el pionero y máximo exponente Don Pantaleón Panduro.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se comienzan a realizar esculturas de barro de gran calidad, destacando los bustos, relieves, estatuas, retratos y los llamados "tipos mexicanos", los cuales son representaciones de escenas costumbristas que van desde un vendedor callejero, hasta una fiesta típica de pueblo.
Con el surgimiento de las esculturas en barro, se comienzan a elaborar los nacimientos que con el tiempo se fueron extendiendo a todo el territorio nacional, destacando la labor de Dionisio Martínez Rosales quien comenzó a comercializar sus figuras en la Cd. de México en 1903. Fue en diciembre de este año cuando por primera vez se instaló en la Plaza de Santo Domingo. El éxito de las figurillas en la Cd. de México por la familia de Don Dionisio, anima a otras personas a seguir su ejemplo de modo tal que acuden a ese gran mercado con mercancía navideña de todas las calidades y tamaños, tradición que sigue hasta nuestros días y que compromete a las familias artesanas a trabajar todo el año modelando, secando, quemando, decorando y empacando figuras como borregos, pastores, mulas, bueyes, la santa familia, así como los diablos, brocales de pozos, gallinas con huevos, cuevas con diablos arriba y ermitaño adentro, gallos y otros animales.
En la actualidad se produce cerámica de diferentes técnicas y temáticas, ya sea en alta temperatura o en policromado en frío.
Tlaquepaque no sólo es excelente en la fabricación de cerámica, sino también en figuras y vajillas de vidrio soplado, cristal al plomo, piezas decorativas en hierro, utilizando varilla y lámina donde surgen bellas esculturas de diferentes tamaños.
Hay orfebrerías y se hacen hermosas piezas de plata, cobre y latón en sistema de repujado o cincelado. Existen muchos talleres que se dedican a la fabricación de muebles de madera, típicos con tule y palma o vaqueta tejida, estilo rústico en pino; coloniales, entablerados o torneados, en caoba y parota y artísticamente tallados en cedro; así como telares rústicos que tejen telas propias para manteles, vestidos, etc.




