Inicio | Turismo | Artesanías | Equípales

Equípales

Los hermanos Marcos y Carlos Hernández, ya fallecidos, se establecieron en Tlaquepaque en 1930 e iniciaron la fabricación de equípales.

 

Ya para entonces un talabartero de Zacoalco, llamado José Maria, forraba son cuero de cerdo los asientos, brazos y respaldo de los muebles, cuyo modelo tradicional, de origen prehispánico, presenta un acabado de carrizo y varas, según se observa entre los indios huicholes.

 

Los de San Pedro, tuvieron aquella característica y únicamente cubrían la demanda de las familias o establecimientos que disponía de corredores, terrazas o espacios abiertos donde tomar el fresco.

 

Hacia 1945 sé amplio el mercado de estas piezas, a causa que mostraron por ellas los turistas norteamericanos, cuyo numero aumento al termino de la guerra. Solicitaban nuevos modelos, que los artesanos dibujaban especialmente bancos y mesas.

 

En la actualidad se producen equípales, confidentes, sillones, butacas, medias naranjas, bancos, taburetes y mesas redondas, cuadradas y rectangulares, de distintas alturas con versiones para niños.

 

Se les termina en crudo “blanco” o se les decora, en este caso los filos se marcan con pirógrafo (acabado en negro) y a menudo se pintan los fondos con anilinas de colores rojos y de origen vegetal: verde, azul, naranja, amarillo, que proceden de minerales y otros abrillantados con goma laca.

Con la madera de guasita, flexible y resistente, el aro de la base del equipal en el cual se “mallan” o marcan con ayuda de la vara, los puntos donde ha de perforarse para sujetar las estacas.

Esta de rosa panal, encino, roble de paraíso o tepemezquite, son 36 y se amarran por pares. Luego se colocan cinco pilares de palo dulce: uno trasero y dos a cada lado, clavados y amarrados a la dos ruedas.

El arco del respaldo se forman con seis varas de jaral o tasiste amarradas y clavadas a los pilares y el asiento con los gajos de una penca de mezcal sostenidos en los pilares y estacas; se teje un petate en cuadro con pedazos con carrizo seco o verde, previamente aplanados y abiertos, se le recortan las esquinas anteriores y se cose en todo el perímetro con un refuerzo al frente.

Una vez colocado los brazos, el asiento y el respaldo se forran con el cuero curtido de cerdo humedecido para poderlo moldear, echo ya el armazón, los amarres de ixtle se bañan con una pegadura negra, hecha de cola, harina, aserrín y humo de ocote.

El artesano se vale de una cazanga o machete curveado para cortar las estacas y sacarles punta. Una barrena, clavo grueso de cuatro filos y empuñadura, una aguja de arría, para cocer, una alezna para perforar el cuero.

La decoración se hace con el pirógrafo, de manufactura casera, consta de un mango de madera perforado al centro para dar  al cable de la corriente eléctrica y de dos alambres acelerados gruesos que van unidos por otro micromo, que hace una resistencia. Tosco de apariencia este instrumento es manejado con especial destreza, el color se aplica con pinceles de cerda.