Arquitectura y Atracciones
Todos los pueblos predestinados a trascender tienen una historia, una historia que precisa ser rescatada, transmitida... admirada. Y no es necesario hurgar demasiado para darnos cuenta que tras la estampa del Tlaquepaque contemporáneo existe una tradición que pervive a través de los siglos y se hace patente con el solo andar de sus calles.


Basta incursionar unos pasos por cualquiera de sus pasajes de adoquín, cuando los grandes portones y ventanales de centenarias y robustas casonas nos hacen un llamado a descubrir las mil y una historias que trasminan sus muros por pasillos y patios de añoranza.

El mismo tañer de campanas de otras épocas nos recuerda que este pueblo se levanto con fe y devoción, y al mismo tiempo nos guía al origen de su convocatoria para encontrarnos con el barroco sobrio, retablos, cúpulas e imágenes de vírgenes y santos que acumulan plegarias y afectos de muchos ayeres.

La ineludible tentación por capturar detalles de añejas costumbres nos conduce a refugiarnos en jardines y plazuelas que arropan personajes, escenas y nostalgias, mientras el bullicio de mercaderes se esfuerza en atraernos para conquistar con sus presentes.




